Muy próximo taller sobre Bel-Ami de Maupassant

Caminaba igual que cuando vestía el uniforme de húsares: el pecho abombado, las piernas ligeramente arqueadas, como si acabase de bajar del caballo. Y avanzaba con brutalidad entre la multitud que poblaba la calle, chocando los hombros y empujando a la gente para no desviarse de su trayectoria. Llevaba su chistera, bastante ajada, un poco inclinada sobre una oreja, y taconeaba ruidosamente. Siempre tenía el aspecto de desafiar a cualquiera: transeúntes, casas, a la ciudad entera, por su presunción de apuesto soldado vistiendo de paisano.                                                                                        Aunque vestido con un terno de sesenta francos, conservaba cierta elegancia un poco llamativa y vulgar, pero innegable. Alto, bien formado, rubio, de un rubio castaño ligeramente rojizo, con un bigote retorcido que parecía espumear sobre su labio. Tenía ojos azules, claros, agujereados por pequeñas pupilas. Los cabellos rizados, naturalmente y separados por una raya en medio de la cabeza. Parecía, exactamente, el calavera de un folletín.

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Il marchait ainsi qu’au temps où il portait l’uniforme des hussards, la poitrine bombée, les jambes un peu entrouvertes comme s’il venait de descendre de cheval ; et il avançait brutalement dans la rue pleine de monde, heurtant les épaules, poussant les gens pour ne point se déranger de sa route. Il inclinait légèrement sur l’oreille son chapeau à haute forme assez défraîchi, et battait le pavé de son talon. Il avait l’air de toujours défier quelqu’un, les passants, les maisons, la ville entière, par chic de beau soldat tombé dans le civil.                                                                                                                     Quoique habillé d’un complet de soixante francs, il gardait une certaine élégance tapageuse, un peu commune, réelle cependant. Grand, bien fait, blond, d’un blond châtain vaguement roussi, avec une moustache retroussée, qui semblait mousser sur sa lèvre, des yeux bleus, clairs, troués d’une pupille toute petite, des cheveux frisés naturellement, séparés par une raie au milieu du crâne, il ressemblait bien au mauvais sujet des romans populaires.

Gustave Caillebotte, Rue de Paris, jour de pluis, 1877

Grupo en español: 29 octubre y 12 noviembre   /   Grupo en francés: 5 y 19 de noviembre

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El hombre robusto

Ayer, 23 de octubre, Ramiro Pinilla hubiese presentado su última novela en Bilbao. Así que esta muerte es sobrevenida, como siempre pero más. Se nos va un hombre trabajador y empeñado en seguir contando historias. Tanta era su energía que lo que parece natural, la muerte de un hombre de 91 años, no deja de conmocionar.

Los vecinos de Getxo van a dejar de verle por el molino de Aixerrota, de vuelta de su paseo matutino, los participantes del “taller” nos quedamos sin este Ramiro cordial sentado en su sillón tapizado de verde y preguntando al corrillo que “quién ha traído para leer”…

Es casualidad que esta entrevista sea la última que se le ha hecho, fue una tarde de primeros de septiembre. Nos abrió las puertas de su casa, a Ana Egea que venía a sacarle fotografías y a mí. En cuanto te despistabas era él quién te entrevistaba, “a mí no me da miedo la muerte, sólo pena, ¿y a vosotras?”. La voz, la mirada sagaz, el movimiento de manos prolongando sus palabras, la visera que solía llevar hasta en su despacho. Se nos fue este hombre robusto. Pero a nuestro alcance están su escritura y aún más, su humanidad y su ánimo.

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/10/26/actualidad/1414337765_613562.html http://blog.gemfeed.com/ramiro-pinilla/

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Julian Barnes, sobre Flaubert

Y mientras transcribo las palabras de Barnes, pienso en el esfuerzo y la valentía de Ramiro Pinilla.

“… Flaubert enseña a mirar cara a cara a la verdad, y a no parpadear ante sus consecuencias; enseña, al igual que Montaigne, a dormir sobre la almohada de la duda; enseña a diseccionar las partes constitutivas de la realidad, y a observar que la Naturaleza es siempre una mezcla de géneros; enseña a hacer un uso lo más exactamente posible del lenguaje; enseña a no abrir los libros en busca de una píldora social o moral: la literatura no es una farmacopea; enseña la preeminencia de la Verdad, la Belleza, el Sentimiento y el Estilo. Y si estudia la vida privada del escritor, verá que enseña valentía, estoicismo, amistad; la importancia de la inteligencia, el escepticismo y el ingenio; la necedad del patrioterismo; la virtud de ser capaz de permanecer solo en la propia habitación; el odio contra la hipocresía; la desconfianza de los doctrinarios; la necesidad de decir las cosas con todas las letras…”

Julian Barnes, El loro de Flaubert, Anagrama, Barcelona, 1994

Barnes

Fragmentos de la inmensa correspondencia de Flaubert…

[9] Hay que desconfiar de todo lo que se asemeje a la inspiración, que a menudo no es más que un prejuicio y una exaltación ficticia que uno se otorga a sí mismo voluntariamente y que no ha llegado a nosotros por sí misma. (…) Hay que leer, meditar mucho, pensar siempre en el estilo y escribir lo menos que se pueda, escribir únicamente para calmar la irritación de una idea que reclama adquirir forma y que se agota en nosotros en tanto no le hayamos encontrado la forma exacta, precisa, adecuada.

[34] Se escribe con la cabeza. Si el corazón la calienta, tanto mejor, pero no debe enterarse nadie. El corazón ha de ser un horno invisible.

[46] En los tiempos que corren, tengo la impresión de que un pensador (¿qué es todo artista sino un triple pensador?) no debe tener ni religión ni patria, ni siquiera ningún tipo de convicción social.

[54] La única manera de soportar la existencia es dejarse aturdir por la literatura como en una orgía perpetua. El vino del Arte causa una larga borrachera y es interminable. El pensar en sí mismo es lo que resulta insoportable.

[143] Llegará un tiempo en que todo el mundo se habrá convertido en “hombre de negocios” (para entonces, gracias a Dios, ya habré muerto). Peor lo pasarán nuestros sobrinos. Las generaciones futuras serán de una tremenda grosería.

[191] No lea usted como los niños, que leen para divertirse, ni como los ambiciosos, que lo hacen para instruirse. No; lea para vivir. Cree para su alma una atmósfera intelectual compuesta de la emanación de todos los grandes espíritus. Estudie a fondo a Shakespeare y a Goethe. Lea traducciones de autores griegos y romanos: Homero, Petronio, Plauto, Apuleyo, etc., y cuando algo le aburra, ensáñese con ello.

[192] ¿Se ha dado cuenta de cómo apreciamos nuestros males? Usted se agarra a sus ideas religiosas, y yo a mi quimera del estilo, que me arruina el cuerpo y el alma. Pero posiblemente sólo poseemos algún valor gracias a nuestros sufrimientos, porque equivalen siempre a una aspiración.

[206] El sentimiento de lo cómico es un buen sostén en el cieno de la vida. Si no lo hubiera poseído desde hace mucho tiempo, me habría muerto de indignación.

Gustave Flaubert, Razones y osadías, edición de Jordi Llovet, Edhasa, 1997.

Flaubert

Ce qui me semble, à moi, le plus haut dans l’Art (et le plus difficile), ce n’est ni de faire rire, ni de faire pleurer… mais d’agir à la façon de la nature, c’est à dire de faire rêver. Aussi les très belles œuvres (…) sont sereines d’aspect et incompréhensibles. Quant au procédé, elles sont immobiles comme les falaises, houleuses come l’océan, pleine de frondaisons, de verdures et de murmures comme les bois, tristes comme le désert, bleues comme le ciel. Homère, Rabelais, Michel-Ange, Shakespeare m’apparaissent impitoyables : cela est sans fond, infini, multiple.

Tu peindras le vin, l’amour, les femmes, la gloire, à condition, mon bonhomme, que tu ne seras ni ivrogne, ni amant, ni mari, ni tourlourou. Mêlé à la vie, on la voit mal, on en souffre ou on en jouit trop.

Gustave Flaubert, Correspondance, éd. Bernard Masson, Jean Bruneau, Gallimard, 1975