Hablar para ser  

Crónica sobre la charla de Antonia Rodríguez-Gago: “El bilingüismo de Beckett: antes y después de Molloy”, Espacio Leer, 23/02/2015

Al leer a Beckett, es probable que nuestra primera reacción sea el desasosiego sin remisión: vagabundos tratando de cumplir con una misión incongruente, monologando solos y con una movilidad reducida, obligados a escribir un informe por cuenta de un jefe – o puede que obedeciendo a una voz – cuya identidad nunca nos será desvelada; también hay afirmaciones y negaciones en cadena, razonamientos excesivos que agotan toda lógica, y sobre todo, una locuacidad desatada. Todo esto sucede en Molloy. Nos encontramos en el remolino de un sueño, casi de una pesadilla, de no ser porque sus protagonistas denotan ingenuidad, humor y mucha perseverancia. Estos parlanchines asientan su existencia en el discurso torrencial. Hablan para ser. Y es que Beckett parte de la premisa de que nuestro lenguaje es insuficiente – “todo lenguaje es un error de lenguaje” – y sin embargo, lo único que tenemos.

En la charla del pasado 23 de febrero, se tocaron muchos puntos con la profesora Antonia Rodríguez-Gago, a quien es de agradecer la claridad expositiva y la amenidad para tratar la obra de un escritor tan prejuiciosamente opaco. Se trató de la elección del escritor irlandés por el idioma francés en la época de posguerra, momento en que alumbra textos como la trilogía Molloy, Malone muere, El innombrable o Esperando a Godot. “Mi propia lengua cada vez se me antoja más un velo que ha de rasgarse para acceder a las cosas… La gramática y el estilo. Para mí, son tan superfluos como el traje de baño en la época victoriana o el porte impertérrito de un caballero genuino”. Esto ya lo decía en 1937 (La carta alemana), año en que se instala en París. Se enrola en la Resistencia en 1940 y acaba refugiándose en Roussillon dos años después, un pueblecito de Vaucluse, hasta el final de la guerra. Tiene Beckett un conocimiento profundo de las “belles-lettres” francesas adquirido en sus años de estudiante, pero también se empapa de la palabra viva, de los giros lingüísticos del intelectual y del campesino.                         El filósofo Vico aconsejaba a todo poeta “des-aprender la lengua nativa para volver a la mendicidad prístina de las palabras”; del mismo modo Beckett escoge la lengua que le permite depurar el lenguaje. Llegó a decir que “en francés es más fácil escribir sin estilo”. Suponemos que quería decir escribir sin el estilo de los demás y en particular distanciarse del de Joyce. Frente a la omnisciencia y la omnipotencia de su compatriota, Beckett se ampara en la impotencia y la ignorancia, nada menos que desafiando el canon occidental, para crear un estilo propio.

“Estoy en el cuarto de mi madre. Ahora soy yo quien vive aquí. No recuerdo cómo llegué. En una ambulancia, en todo caso en un vehículo. Me ayudaron. Yo solo no habría llegado nunca. Quizás estoy aquí gracias a este hombre que viene cada semana. Aunque él lo niega…”. Este es el inicio de Molloy y en adelante vemos cómo la trama estalla en mil pedazos. No hallaremos un escritor naturalista, nos advierte la profesora Rodríguez-Gago, ni una estructura narrativa clásica, puesto que su lectura nos invita a dar un salto mortal, digo formal, en el que el lenguaje inventa otra realidad. “Vivir es inventar” (Malone muere), “decir es inventar” (Molloy). Fíjense, no aparece la palabra “errancia” en el DRAE que tan a cuento viene para hablar de las criaturas beckettianas, seres de pensamiento móvil en cuerpos casi inmóviles. Pero decirse, se dice. La invención – aunque en Beckett será más bien sintáctica que léxica – siempre ha preexistido a la regla.

La estética de Beckett evolucionará con los años, de la erudición y la exuberancia intelectual juveniles hacia un despojamiento expresivo y una mayor descomposición del lenguaje, donde no hay apenas puntuación ni sintaxis, y sólo hay que estar atento a la musicalidad. De hecho, Rodríguez-Gago considera que tanto la narrativa como el teatro y la poesía de Beckett componen una estructura orgánica de su obra, por lo tanto unitaria. La diversidad de géneros reflejan una misma preocupación poética: el lenguaje, aún deficiente, es preferible al silencio y toma forma en palabras e imágenes perdurables. Hagamos entonces desde la lectura lo que Beckett hizo con la escritura – siguiendo curiosamente el consejo de Joyce, “escribe lo que te dicte tu sangre, no tu intelecto” – leerlo con las tripas y desde la ignorancia.                                                             “Nacemos y morimos, esto es así. Y mientras, habrá que pasarlo lo mejor posible. Esto viene a decir Beckett. ¿Les parece esto pesimista?”, preguntó la profesora al auditorio.

 Jimena Larroque Aranguren

 Bibliografía sumarísima:

  • Samuel Beckett, Molloy, Editions de Minuit, 1951 (trad. de Pedro Ginferrer, Lumen, 1969).
  • Deseos del hombre. La carta alemana, La Uña Rota, 2004 (trad. Miguel Martínez-Lage).
  • Antonia Rodríguez-Gago, Los días felices, Cátedra Universales, 1986, 5ª edición 2006.
  • Harold Bloom, El canon occidental, Anagrama, 1995.
  • James Knowlson, Damned to Fame. The Life of Samuel Beckett, Bloomsbury, 1996.
  • (Beckett : biographie, trad. Oristelle Bonis, Actes Sud, 1999).
  • La República de las Letras, “Beckett cumple 100 años”, nº 99, 2006.
  • Manuel Asensi Pérez, “Molloy, interrupciones: ‘peros’ y adversidades en Samuel Beckett”, en Tentativas sobre Beckett, Julián Jiménez Heffernan (ed.), Círculo de Bellas Artes, 2006.

    

    Público charla Gago

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Charla de Antonia Rodríguez-Gago: “El bilingüismo de Beckett: antes y después de Molloy”

Desde el taller de literatura francesa Bel-Ami y el Espacio Leer, iniciamos un ciclo de charlas abiertas al público en general de la mano de especialistas y personas de renombrada filia por aquello de lo que vienen a hablar.

El próximo lunes 23 de febrero, a las 7h30 de la tarde, tenemos el placer de contar con la presencia de Antonia Rodríguez-Gago que nos hablará sobre El bilingüismo de Beckett: antes y después de Molloy” (en español).

Después de la Segunda Guerra Mundial, Samuel Beckett decide abandonar el inglés en favor del francés como lengua de escritura, y a la vez se encarga de traducir casi todas sus obras al inglés. ¿Por qué? Abordaremos esta y otras cuestiones, y a la charla seguirá un intercambio con el público, que podrá preguntar todo aquello que no se ha atrevido a preguntar sobre el misterio B.

Antonia Rodríguez-Gago es Profesora Emérita de Literatura Inglesa en la  Universidad Autónoma de Madrid, impulsora de los estudios realizados en España sobre el escritor irlandés, traductora al español de obras como Los días felices (Madrid, Cátedra Universales, 1986, 5ª edición 2006) y cuyo estudio preliminar ha sido considerado por la crítica como “la mejor introducción a Beckett en castellano” (Primer Acto, Nº 231, IV 1989). Ha publicado extensamente sobre teatro en lengua inglesa y dramaturgos como Harold Pinter, Caryl Churchill, Sarah Kane, Suzan-Lori Parks, etc.

El Espacio Leer (C/ Argumosa, 37) es grande y acogedor. Os esperamos.

Jimena Larroque Aranguren

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Adentrémonos en el mundo de Molloy y de Beckett

« De même que Dante chemine de cercle en cercle pour atteindre son Enfer ou son Paradis, de même Samuel Beckett situe-t-il, chacun dans un cercle bien distinct, les trois principaux protagonistes des romans de sa trilogie, MolloyMalone meurt et L’Innommable, afin qu’ils atteignent, peut-être, le néant auquel ils aspirent. D’un roman à l’autre, ce cercle est de plus en plus réduit.
Si Molloy est enfermé dans un cercle, c’est celui-là même de son récit cyclique qui commence par la fin et se termine au commencement. Molloy n’est pas confiné dans un seul lieu, il possède encore un relatif degré de mobilité malgré sa mauvaise jambe. À bicyclette d’abord, muni de béquilles ensuite, puis ne pouvant plus que ramper, le voilà parti à la recherche de sa mère, dit-il. N’est-il pas plutôt en quête de lui-même, ou bien d’une certitude qui lui échappe toujours ?
Dans la deuxième partie du roman, la boucle que décrit la trajectoire de Molloy se dédouble : c’est le rapport, cyclique aussi, que rédige Moran. Détective de l’agence Youdi, Moran a reçu l’ordre de se lancer à la recherche de Molloy. Lorsque Moran entame sa poursuite, il est en pleine possession de tous ses moyens physiques, de toutes ses certitudes. Au fil de sa quête, peu à peu son état se modifie profondément et se détériore à tous égards : Moran va ressembler de plus en plus à Molloy lui-même. Moran trouvera-t-il Molloy ? Ne seraient-ils que deux facettes d’une seule et même personne ? Les deux boucles de leurs trajectoires respectives vont peut-être finir par se rencontrer pour former l’image du huit horizontal, signe de l’infini recommencement d’une impossible quête de soi». Molloy, Editions de Minuit, 1951 (4ème de couverture).

Samuel Beckett

Samuel Beckett

“Primera de las novelas de la gran trilogía que completan Malone muere y El innombrableMolloy constituye el punto de arranque de la etapa en que, tras la Segunda Guerra Mundial, Samuel Beckett (1906-1989) abandona el ingles en favor del francés como lengua literaria y ahonda en la visión trágica del mundo contemporáneo a través de imágenes en las que lo grotesco sirve para potenciar al máximo el patetismo y desolación de la vida humana.                                                                                                             La enajenación, la soledad, la falta de identidad y el anonimato condenan a los personajes del novelista irlandés a una lucha sin sentido con su propia existencia, para la que ni siquiera la aniquilación final de la muerte constituye ya una esperanza”. Molloy, Alianza, 2010 (contraportada).