Leer boca abajo

Crónica sobre la charla de Eric Beaumatin: “ La forja de un escritor: Perec en los años 60”, Espacio Leer, 16/03/2015

PGP

Desbordan simpatía esos ojos francos y sonrientes, la cabeza ladeada en ademán romántico, cabello y perilla frondosos. Esta es la cara de un amigo “potencial” que nos recuerda que la lectura es ante todo placer. Hay que leerle boca abajo, tendidos sobre la cama…

El día 16 de marzo por la tarde, cerca de una treintena de personas, nos reunimos en el Espacio Leer para escuchar a Eric Beaumatin, catedrático de lingüística hispánica en la Sorbonne Nouvelle y conocedor cabal de la obra de Perec. Se centró su charla en la exploración del primer Perec, aquel que escribió Le condottière (primera novela, escrita entre 1957 y 1960, rechazada por las editoriales y cuyo manuscrito se perdió en una mudanza en 1966, fue publicada en 2012; ya ven, de novela), Les choses (1965), Quel petit vélo au fond de la cour (1966), Un homme qui dort (1967). Estos textos ofrecen las orientaciones del futuro Perec. Ya se sabe que los escritores originales se escapan a cualquier tentativa de encasillamiento en una corriente literaria. Así, Perec no es únicamente deudor de la vertiente comprometida de la literatura a lo Sartre, ni formalista al modo del nouveau roman. Pero tiene algo de esas dos cosas. Y más.

La recepción crítica de Las cosas ensalzó tanto la dimensión sociológica de aquella Francia de los años 60 que le tomaron por sociólogo. Sin embargo, Perec alegó que en realidad quería reescribir La educación sentimental de Flaubert, siendo su propósito fundamentalmente novelesco (“yo no soy un moralista, sino un escritor”). Desde el principio de su carrera, aspiraba a ser un “escritor realista”, entendiendo “realismo” no como un estilo entre otros sino como la función de toda literatura, que decía Lukáks. De ahí las enumeraciones, las tentativas de agotar escenarios mediante la descripción y la voluntad de totalidad en cada una de sus obras. No por nada el puzle es una imagen persistente en su imaginario: la historia de la literatura, como también lo pensaba Michel Butor, es un gran puzle y uno puede contribuir con su obra a aportar la pieza que falta. Esta fue su ambición y su apuesta.

Efectivamente, encontramos multitud de referencias a otros autores en sus historias, citas más o menos ocultas que el lector prudente podrá advertir. En este sentido, fue Perec lector antes que escritor. Sin ir más lejos, le debe a Proust el título Un hombre que duerme cuando escribió eso de “un hombre que duerme tiene en círculo a su alrededor el hilo de las horas, el orden de los años y de los mundos”. Entre sus escritores queridísimos y homenajeados están Flaubert, Stendhal, Melville, Lowry o Queneau, pero también pintores como Paul Klee o Antonello da Messina.

En un artículo publicado en Le Figaro en diciembre de 1978 y titulado “Notas sobre lo que busco”, dice ser un “hombre de letras” en el sentido más literal de la expresión: alguien que trabaja con las letras. Coincidencias de la vida, “Georges” significa en griego antiguo “trabajador de la tierra”. De aquí a plantar hortalizas o a jugar con el alfabeto, hay un paso. Eligió la segunda opción: a partir de 1967, año de ingreso en el OuLiPo (Ouvroir de littérature potentielle, o Taller de Literatura Potencial), Perec multiplica las experiencias lúdicas. Compone por ejemplo el palíndromo más largo en lengua francesa, o la novela La disparition (1969) conocida por ser un gran lipograma sin la letra “e”. “El suficiente lector”, que decía Montaigne, será aquel que no sólo desentrañe estos juegos, sino que además sea capaz de abrirse nuevos caminos. Suficiente pero audaz.

Y aquí llegamos a una de las preguntas del millón que alguien del público lanzó: ¿para qué imponerse reglas, por qué constreñirse de ese modo? Beaumatin recordó que, desde que la literatura existe, siempre ha habido reglas más o menos explícitas que han guiado su producción. Ya el lenguaje es pura constricción. Y fíjense, un soneto es una composición poética que consta de catorce versos endecasílabos distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos, y blablablá. Pura traba.

En el caso del Perec más formalista, llena su escritura de coordenadas para cuadricular el espacio y la realidad. Incluso para saltarse las reglas a un momento dado. Y es que toda su obra está marcada por un vacío, una ausencia, como lo evidencian sus textos autobiográficos. Por ejemplo, empieza W o el recuerdo de la infancia (1975) con un trama incompleta que el autor irá reconstruyendo: “Yo no tengo recuerdos de infancia. Hasta los doce años más o menos, mi historia no ocupa más que unas pocas líneas: perdí a mi padre a los cuatro años y a mi madre a los seis, pasé la guerra en distintas pensiones de Villard-de-Lans. En 1945 me adoptaron la hermana de mi padre y su marido”.

Visto así, las reglas sirven para ampliar las posibilidades y ensanchar la cuadrícula. Toda escritura es potencial porque nos permite coger impulso e ir más allá. Y en el más allá está el placer, el gusto por lo novelesco. “Quiero escribir novelas que se devoran boca abajo sobre la cama”, dijo una vez. Rehabilita de esta manera el placer de inventar y de contar “peripecias, asesinatos, sagas familiares, viajes, aventuras interiores” que encontramos a millares en La vida instrucciones de uso (1978).

Roberto Bolaño, cuyos archivos se exponen actualmente en el Matadero de Madrid, dijo de Perec que “es el escritor más importante del siglo XX”. Ahí es nada.

Jimena Larroque Aranguren

Bibliografía escueta:

Obras de Georges Perec:

  • Les Choses. Une histoire des années soixante, Julliard, collection Les Lettres nouvelles, 1965, prix Renaudot
  • Quel petit vélo à guidon chromé au fond de la cour ? Denoël, 1966
  • Un homme qui dort, Denoël, 1967
  • La Disparition, Denoël, 1969
  • Le grand palindrome de Georges Perec (1969): http://homepage.urbanet.ch/cruci.com/lexique/palindrome.htm
  • W ou le Souvenir d’enfance, Denoël, 1975 (W o el recuerdo de la infancia, trad. de Alberto Clavería, Barcelona, Península, 1987)
  • Tentative d’épuisement d’un lieu parisien, UGE, 1975
  • La vie mode d’emploi. Romans, Hachette, 1978, prix Médicis
  • Le Condottière, Éditions du Seuil, 2012
  • Bernard Magné, Georges Perec, Nathan, 1999
  • Paulette Perec (sous la dir. de), Portrait(s) de Georges Perec, Bibliothèque Nationale de France, 2002

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Charla de Eric Beaumatin: “La forja de un escritor: Perec en los años sesenta”

El próximo lunes 16 de marzo, a partir de las 7h30 de la tarde, en Espacio Leer (C/ Argumosa, 37, Madrid), se celebra la segunda charla organizada por Bel-Ami.

Georges Perec (1936-1982) escribe Las cosas (premio Renaudot) y Un hombre que duerme en 1965 y 1967 respectivamente. Estas dos primeras novelitas contienen ya los cimientos del lo que será el universo perequiano y del que la gran La vida instrucciones de vida, publicada en 1978, es tan representativa. En ellas, se enumeran inventarios y se ofrecen descripciones exhaustivas de escenarios cotidianos, ya sean públicos o privados, pero anticipan además el gusto lúdico de Perec por el lenguaje – es miembro del Oulipo o Taller de Literatura Potencial desde 1967 – y están salpicadas de referencias a otras literaturas porque las considera tradiciones vivas: Stendhal, Flaubert, Melville o Lowry. No por nada él mismo se decía lector antes que escritor; toma como lector y da como escritor.

Eric Beaumatin es Catedrático de Lingüística Iberorrománica en la Sorbonne Nouvelle y fundador de la Asociación Georges Perec y de su Centro de Documentación (Bibliothèque nationale de France) en 1982, pocos meses después de la muerte de Perec.

El profesor Eric Beaumatin nos cuenta cómo G. Perec se hizo escritor, cómo sucedió eso de c’est en écrivant qu’on devient écriveron (Raymond Queneau). A la charla en español y abierta a todos los curiosos, le seguirá un intercambio con los allá presentes.

Georges Perec, 1978

Georges Perec, 1978

No sé a ustedes, pero a mí la cara de Perec me resulta tan amigable que sólo por eso me tomaría un café con él lo menos una vez por semana…

Le visage de Perec m’a l’air tellement sympathique que je prendrais bien un café avec lui au moins une fois par semaine, rien que pour sa tête … Pas vous ?

Perec, homme de lettres

Notes sur ce que je cherche                                                                                             Le véritable inspiré ne l’est jamais ; il l’est toujours. Raymond Queneau

Ne pas attendre des évènements de ma vie réelle – l’achat d’une vieille maison et son retapage, une maladie, etc. – la matière d’un roman mais projeter sur le quotidien qui m’entoure la grille de mon écriture                                                                                     Ne pas séparer l’écriture de la vie                                                                                   Ne pas distraire à la vie mondaine les quelques minutes quotidiennes nécessaires à la sécrétion de mon génie mais faire coïncider au plus près mon travail (écrire) et ma liberté (écrire)

Notre écriture se forme dans la mouvance des écrivains que nous découvrons. Leur constellation unique façonne un puzzle dont nous sommes en quelque sorte la pièce manquante

Le mot qui semble le plus juste lorsque je m’efforce de me définir et de définir le travail que je fais n’est ni romancier ni même écrivain, mais homme de lettres ; un homme dont le travail a pour objet des lettres, l’alphabet : mon travail ne se fait pas avec des idées, des sentiments, des images.

Ce texte est différent de celui qui est paru sous le même titre (« Notes sur ce que je cherche ») dans Le Figaro du 8 décembre 1978.

Source : Portrait(s) de Georges Perec, sous la direction de Paulette Perec, Bibliothèque nationale de France, 2002

Georges Perec, brouillon pour "La vie mode d'emploi", "Cahier des charges"

Georges Perec, brouillon pour “La vie mode d’emploi”, “Cahier des charges”

Ética del desapego

Cómo acabará la historia de este joven estudiante que duerme de día, deambula de noche y pasa horas tumbado, con las manos en la nuca, mirando las irregularidades del techo desconchado de su cuartucho de la calle Saint-Honoré…

“Tu buhardilla es la más bella de las islas desiertas, y París es un desierto que nadie ha atravesado nunca. Sólo necesitas calma, este sueño, este silencio, esta torpeza. Que los días comiencen y que los días acaben, que el tiempo transcurra, que tu boca se cierre, que los músculos de tu nuca, de tu mandíbula, de tu mentón se relajen del todo, que sólo el subir y bajar de tu caja torácica, los latidos de tu corazón sigan dando testimonio de tu paciente supervivencia”.

Georges Perec, Un hombre que duerme, trad. Mercedes Cebrián, Ed. Impedimenta, 2009.

Perec regard

«Ta chambre est la plus belle des îles désertes, et Paris est un désert que nul n’a jamais traversé. Tu n’as pas besoin de rien d’autres que de ce calme, de ce sommeil, que de ce silence, que de cette torpeur. Que les jours commencent et que les jours finissent, que le temps s’écoule, que ta bouche se ferme, que les muscles de ta nuque, de ta mâchoire, de ton menton, se relâchent tout à fait, que seuls les soulèvements de ta cage thoracique, les battements de ton cœur témoignent encore de ta patiente survie ».

Georges Perec, Un homme qui dort, Ed. Denoël, 1967.